La historia del Real Monasterio de Nuestra Señora de Fresdelval, que éste es su completo y sonoro nombre, es tan desconocida como la propia existencia del monasterio. Semiescondido en un hermoso y pequeño vallejo situado a una legua al norte de la ciudad de Burgos, Fresdelval ha permanecido alejado de las rutas turísticas y del interés de los modernos historiadores. 
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El origen de este monasterio debemos buscarlo en una pequeña ermita de devoción mariana que según la tradición se remonta a los tiempos del rey godo Recaredo. Todo apunta a que este santuario correspondía a un templo parroquial elevado para atender las necesidades espirituales de un pequeño núcleo de población que existía en el lugar desde tiempo inmemorial. El valle, generoso en agua y protegido por su orientación de los fríos vientos del nordeste, era propicio a este tipo de poblamiento, a ello se unía la estratégica posición que ocupaba al píe de una vía romana: la De Hispania in Aquitaniam que comunicaba la península con el resto de Europa atravesando Roncesvalles, ruta que más tarde coincidirá en parte con el Camino Jacobeo. propiedad bibliografia visitas

Con el templo, según se dice, igualmente se fabricó la Santa Imagen de Nuestra Señora de Fresdelval, teniéndose a esta en suma reverencia hasta la invasión musulmana en que se abandonó la aldea. Ello se colige no solo de la tradición asentada en todos los burgaleses y por toda aquella comarca, sino de una inscripción antigua que estaba en la misma iglesia.

Con el abandono del valle quedó el templo medio derruido y desierto. Así permaneció sumido en el olvido y desprecio hasta que por el año 1320, reinando en Castilla Alfonso XI, se reedificó la iglesia por los vecinos de los pueblos limítrofes. El proyecto era modesto, pues lo que señalaban los antiguos cimientos excedía la capacidad de aquellas gentes, quedando la reedificación limitada a una pequeña ermita.

Soslayando las abundantes y piadosas descripciones que se hacen de los milagros, parece seguro que en el siglo XIV la devoción a la titular del valle estaba muy extendida en Burgos y su comarca. Va a ser en el reinado de Juan I de Castilla (1379-1390), cuando el culto a la imagen de la Virgen de Fresdelval reciba un nuevo impulso por la voluntad de Pedro Manrique, el viejo, Adelantado Mayor de Castilla, al que pertenecía el valle en que se emplazaba la ermita. Este caballero hizo juntar a los lugares de Vivar, Quintanilla y otros pueblos de los contornos para formar con todos ellos una cofradía y hermandad en aquella iglesia.

Con Pedro Manrique y especialmente con su único hijo, aunque ilegitimo, Gómez Manrique, comienza la protección que su estirpe concedió a Fresdelval y su advocación mariana, su devoción predilecta. Un favor intenso y constante que solo terminará con la extinción de sus últimos sucesores, los Padilla, a comienzos del siglo XVII.

Gómez Manrique fue un importante y singular personaje de la segunda mitad del siglo XIV y principios del XV. Nació en 1356 y murió en 1411. Su vida transcurre, por tanto, entre los difíciles años del reinado de Pedro I y los de la subida y consolidación de la casa de Trastámara al trono castellano. Fue uno de los personajes más ilustres de la Castilla del siglo XIV. Su interesante biografía se inicia cuando de niño es entregado como rehén al Rey de Granada con otros hijos de caballeros de Castilla, convertido al Islam retornó a Castilla donde abjuró de ésta religión regresando al cristianismo, haciéndose especialmente devoto de la Virgen de Fresdelval.

Como tantos otros monasterios, la fundación del de Fresdelval vuelve a tener sus orígenes en un hecho milagroso: la curación de María, hija mayor de Gómez Manrique. El suceso acaeció hacia el año 1400 y tuvo como resultado inmediato aumentar tanto la devoción por la imagen de la Virgen que Gómez Manrique y su mujer determinaron hacerse un aposento donde estar las muchas veces que pensaban acudir a Fresdelval. Concurrían a todas las romerías que se celebraban, llegando a decirse que "juraba el noble caballero que no tenía día de alegría, ni de contento, sino cuando aquí se veía".

La llegada de los monjes jerónimos y la elevación de un monasterio en el valle de Fresdelval es consecuencia de una nueva intervención celestial en la vida del adelantado. En el año 1403, en el todavía musulmán reino de Granada, servía el adelantado en el cerco de Antequera, donde la Virgen de Fresdelval salvó a Gómez Manrique de una muerte cierta. Se divulgó el milagro en el mismo campo de batalla, y el devoto caballero se propuso allí ir lo más presto que pudiese a visitar su casa de Nuestra Señora de Fresdelval e hizo voto de edificar un monasterio junto a ella.

Levantado el asedio de Antequera, el adelantado pidió licencia al infante don Fernando para acercarse con otros caballeros al santuario de Guadalupe. En Guadalupe conoció don Gómez a la Orden de San Jerónimo, que ya apuntaba las características que iban a definirla toda su existencia: la solemnidad y compostura en el culto que tanto debió impresionarle y el favor de los reyes, que ya lo disfrutaba de Enrique III y del infante don Fernando.

Ello decidió al adelantado a elegir a esta orden para su fundación de Fresdelval. Comunicó su resolución al prior de aquel monasterio y a él pidió con este fin cierto numero de monjes. El fundador de los jerónimos dio tres religiosos para la creación de Fresdelval.

Por la documentación manejada sabemos que llegaron cuatro frailes que, junto al capellán del valle, se alojaron en las casas y palacio que el adelantado había edificado, de allí salían a hacer los oficios a la ermita. Sabemos que tres de ellos no llegaron a ver el monasterio terminado, fueron enterrados en la antigua iglesia, fuera de la reja y delante de la imagen de la Virgen.

Una vez instalados los jerónimos en el valle los religiosos decidieron que se debía levantar el convento junto a la antigua ermita. Acopiados los materiales, se abrieron los cimientos y se puso la primera piedra el 25 de marzo de 1404, día de la Anunciación. Los trabajos de construcción fueron a buen ritmo y en ellos, según la tradición recogida, intervinieron los religiosos con sus propias manos.

La iglesia que estaba erigiendo el maestro Brahen respondía al tipo de la Orden de San Jerónimo de nave única, modelo tomado de los cartujos y de los franciscanos; si bien la cabecera es cuadrada – cisterciense- y no poligonal, como era al uso en las ordenes antes mencionadas.

El crucero, poco resaltado, daba acceso a las capillas que se situaron en sus brazos: la de San Andrés, en el lado del evangelio y la capilla de San Juan Bautista, en el lado de la epístola. En los templos jerónimos, asimismo, son normales las capillas laterales, en Fresdelval se abren en el tercer tramo de la nave y son de escasa profundidad, ocupando el espacio entre los contrafuertes. Solo conocemos la advocación de la que se encontraba entrando a la mano izquierda: Santa Ana. Entre esta capilla y la de San Andrés, por la que se accedía, se encontraba la antigua sacristía, con la que se completa el trazado del templo.

Por todo lo que antecede debemos suponer que hubo unidad en el proyecto, pero no en el tiempo ni en la ejecución, de todas las piezas del primitivo cenobio. A la muerte de Gómez Manrique, sobrevenida en Córdoba el 3 de junio de 1411, la iglesia debía estar prácticamente finalizada. En ella fue enterrado el 9 de julio de ese mismo año tal y como había dispuesto en su testamento.

El resto de las edificaciones conventuales sufrirán retrasos en su construcción, principalmente debido al incumplimiento de los compromisos contraídos por la viuda de don Gómez, Sancha de Rojas. Pero la fundación de Gómez Manrique, magníficamente seguida por sus hijas, iba a encontrar su prolongación en muchas de las estirpes formadas por éstas. Parece que los nietos y descendientes de don Gómez Manrique rivalizan durante el siglo XV en la protección de la fundación de su antecesor.

Es durante toda la mitad de este siglo cuando se va conformando la disposición del antiguo monasterio gótico siguiendo el modelo jerónimo: al sur de la iglesia se sitúa el claustro procesional, de planta cuadrangular, en su parte superior, claustro alto, están los dormitorios. La comunicación con la iglesia se establece por la puerta de salida y entrada para las procesiones claustrales. En la panda de naciente se encuentra el acceso a la capilla de San Jerónimo o sala capitular, concluida hacia 1432, y a la capilla de San Juan Bautista, al sur del claustro se emplazaban la cocina y el refectorio y, finalmente, en el lado de poniente estaba la enfermería, que será derribada en la gran reforma del siglo siguiente.

Así llega a finales del siglo XV, este es el monasterio que conocen los Reyes Católicos. Son dos las estancias reales que en él tenemos documentadas -ambas en 1497 y solo del Rey Católico- si bien, por la especial relación que hubo entre los Reyes Católicos y este monasterio, es muy verosímil que tanto uno como otro soberano lo visitasen en sus repetidas permanencias en Burgos.

Es la misma reina Doña Isabel la que mandará traer a Fresdelval el cuerpo del doncel Juan de Padilla, muerto en la guerra de Granada en 1491, y al que la reina profesaba por su valentía y arrojo un especial afecto. Isabel de Pacheco, madre de don Juan, hizo labrar en el muro del lado del evangelio de la iglesia un hermosísimo sepulcro por complacer a la reina. Para admirar este monumento, obra maestra de Gil de Siloe, actualmente se debe visitar el Museo de Burgos. No es correcto Fredeval, ni Fresdeval ni Fredelval ni Fredesval ni Freldeval ni Fresdesval ni Freldelval ni Freldesval ni Fredeva ni Fresdeva ni Freldelva ni Fresdeva ni Freldelva se dice FRESDELVAL.

 

LA REEDIFICACIÓN DE FRESDELVAL CON GARCIA DE PADILLA.
La fulgurante vida de don García de Padilla tuvo en Burgos uno de sus mayores días de gloria cuando: "En la Capilla del Capitulo de la claustra del monasterio de San Juan, de la Orden de San Benito, el día de Nuestra Señora de Septiembre de 1523, juntas las personas de la Orden de Calatrava, en presencia de Su Majestad, con sus mantos blancos, para elegir Comendador Mayor por muerte de Nuñez de Guzmán, eligieron a don García de Padilla, Clavero de la Orden y Comendador de Malagón".
Su elección como comendador mayor de la orden de Calatrava, en presencia del Emperador Carlos V, en Burgos y el día de la Natividad de Nuestra Señora -que es la festividad de Fresdelval- es posible que decidiese a este piadoso caballero a emprender, como acción de gracias, la reedificación del monasterio predilecto de sus antepasados.


Detalle del sepulcro de Juan de Padilla expoliado del Monasterio de Fresdelval en el siglo XIX.

Analizando la formidable y continua labor constructora que se llevo a cabo a lo largo de la primera mitad del siglo XVI, nos quedan pocas dudas sobre la enorme transformación que en ese periodo se produjo en el monasterio y ninguna acerca de la protección y mecenazgo de García de Padilla, comendador mayor de la orden de Calatrava, dignidad por la que será conocido.

En palabras de nuestros días podemos decir que las actuaciones que emprendió García de Padilla consistieron en reestructurar y dar unidad al, hasta entonces, heterogéneo conjunto monacal. Y es que el perfil de Fresdelval a principios del siglo XVI debía ajustarse más al de una pequeña aldea que al de un armónico monumento artístico.

Recordemos que la ermita había quedado fuera del monasterio, "no pudiendo acomodarse por el sitio, y por las casas que estauan hechas" y que algunos de los edificios fueron levantados aisladamente, como "la cassa de la hospedería de junto a la puerta de la yglesia -costeada por Maria Manrique- que después derribaron para hacer el paño de la pared de las celdas" en la reforma de García de Padilla.

En esas fechas aún permanecían las casas y palacios de los fundadores en donde vivía retirada Isabel de Pacheco y así aparece reflejado en su testamento otorgado, el 11 de junio de 1533 "en el aposento que es en Nª Sª la Vieja questa cerca del monasterio de Fresdelval, de la Orden de San Jerónimo". Estos edificios desaparecieron mediado el siglo XVI, posiblemente, como consecuencia de las transformaciones producidas pocos años antes.

Concretamente, las obras ejecutadas consistieron en hacer "todas las capillas de la yglesia que están de la rexa afuera y la portada de la yglesia y el coro de ella. el claustro alto. la hospedería. enfermería y todas las celdas del paredón altas y bajas, la bodega, y los troxes y caballeriças, y otras muchas oficinas. Dio la tapicería y la plata del serbicio del altar y la librería y hico la sacristía y la capilla de S. Juª(n)"

Ahora sabemos que la transformación de la iglesia, o capilla mayor, fue profunda: se derribaron, nada menos, que las cuatro primeras bóvedas de la nave para rehacerse con arranques sobre mensulas situadas a bastante más altura que las originales del siglo XV.

Todavía puede distinguirse las trazas de los arranques primitivos, cortados hasta confundirlos con la superficie del paramento y han perdurado dos ménsulas góticas que quedaron ocultas por el embovedado del coro, también construido en el siglo XVI. Las alteraciones de la iglesia se completaron con el traslado de la reja que se situó entre el falso crucero y el cuarto tramo de la nave y la realización de "el asiento y pretil de la dicha rexa".En esas fechas la reja estaba situada en las gradas de la capilla mayor y en el siglo XVI se trasladó hasta incluir el crucero para dar más exclusividad al panteón familiar de Manriques, Sarmientos y Padillas que estaba situado en la cabecera de la iglesia.

En el exterior dela iglesia gótica se "hizo embutir toda la fachada de la puerta de dicha yglesia" la cual tanto desconcierta a los que intentan fechar la construcción del templo gótico y se encuentran con esta obra renacentista. La construcción de la portada es atribuida por Martínez Burgos a Felipe de Vigarny, lo cual es admisible, por la coincidencia en el tiempo de la realización de esta obra y de su posible autor, pero no hemos encontrado referencia documental de ello.

La sacristía con entrada por el claustro y que posteriormente fue cegada parece coincidir, por eliminación, con la antes referida la capilla del Santo Crucifijo que es en la claustra principal del dicho monasterio salida.

 

 

 

EL EMPERADOR CARLOS V Y FRES DEL VAL.

"El emperador Carlos V de Alemania, primero entre los reyes de su nombre en España, hizo edificar una habitación con objeto de retirarse a vivir en ella durante sus últimos días, después de abdicar su doble corona; pero esta nueva obra quedó sin terminarse, porque el monarca, aconsejado por los médicos, cambio de dictamen, y se decidió a elegir para su retiro el monasterio de Yuste, en que terminó su vida. La tradición conservada en Fresdelval lo decía, y los blasones de aquel cuerpo de edificio lo corroboraban" Las noticias que siguen nos las dieron, hace muchos años, los monjes de Fresdelval. Hasta aquí las fuentes escritas. No hay, directamente, referencia alguna a la voluntad del rey de Romanos de retirarse a Fresdelval.


Carlos V "el emperador enamorado de Fresdelval"

Esta tradición acrecienta su base ahora que conocemos más exactamente las fechas de construcción de los edificios que se realizaron en el siglo XVI con la protección de García de Padilla.

Cuando el Cesar visitó el monasterio de Fresdelval, en 1524, las obras de ampliación no habían hecho sino comenzar y se prolongaron hasta poco después de la muerte de García de Padilla, en 1542.

Es en ese periodo de tiempo cuando el todavía joven Carlos V va madurando la idea de retirarse y buscar la paz. Su profunda religiosidad le había llevado a ser, en solitario, el caballero defensor de la causa católica. En su desigual, y malograda, lucha por establecer la Universitas Chistiana debe enfrentarse, incluso, con los obtusos intereses temporales de los papas. En su intento de restaurar la unidad religiosa de Europa se agota físicamente debido a los numeroso y constantes viajes que requieren sus extensos y distantes territorios. Debilitado físicamente y, lo que es más importante, derrotada su alma generosa por las numerosas deslealtades que sufre y el fracaso de su proyecto; parece que ya en la temprana fecha de 1535, envejecido prematuramente,tenia deseos de renunciar y así lo indica al embajador portugués Lorenzo Pérez de Tavora. Ello se confirma, estando en la villa de Monzón en 1542, por la manifestación realizada al entonces duque de Gandia, después San Francisco de Borja, y que recogía la intención que desde mucho tiempo antes venia compartiendo con su esposa, fallecida en 1539, de pasar sus últimos días en un lugar apartado y asilo de religiosos.

Ya ha quedado dicho que por el año de 1542 estaban finalizando las obras de ampliación realizadas por García de Padilla. Estas construcciones incluían el edificio que pudo acoger al emperador en sus últimos días: el palacio renacentista y el llamado patio de los Padilla, que parecen obedecer a una, en principio, no planeada ampliación. Estas construcciones se levantaron anejas al monasterio pero con una traza constructiva distinta de lo que se había realizado hasta ese momento . Actualmente todavía se puede apreciar que al construir el patio de los Padilla se cegaron vanos del monasterio que se habían abierto unos pocos años antes. En todo el piso superior de este patio se colocaron las armas imperiales y aún se conserva el magnifico escudo de Carlos V que preside el que fuera zaguán, o entrada, del palacio, tradicionalmente conocido como "Casa de Carlos V".

El que estas obras fuesen realizadas por García de Padilla, del que Salazar y Castro dice que fue: "uno de los mas señalados Ministros que aquel Príncipe -por Carlos V- tuvo", y con la ayuda de su hermano Jerónimo, también un influyente personaje de la corte, nos llevan a especular con la probabilidad de que Carlos V estuviese considerando el elegir a Fresdelval como su lugar de retiro.

La relación del Emperador con los protectores de Fres del Val no terminaba con los Padilla: también estaban los Sarmiento, sus valientes y leales servidores.

Pedro Sarmiento, nieto de los fundadores y enterrado en la capilla mayor del monasterio había casado con doña Mariana Pellicer, que viuda, fue Aya de la Reyna Germana y fueron sus hijos Diego Sarmiento, señor de Obierna, Gentil hombre de cámara de Carlos V y don Gaspar y don Pedro Sarmiento, que todos murieron sirviendo a aquel príncipe en las guerras de Florencia y Siena y en las galeras de España..

Por todo ello, es posible que a la oposición de los médicos se uniese, tal vez, la muerte del influyente García de Padilla -el principal valedor de Fresdelval- el 16 de septiembre de 1542, momento en que la mente del emperador empezaba realmente a fraguar la idea de retirarse. El nombre de Fresdelval había perdido su mejor oportunidad de entrar en la Historia Universal.

Las visitas reales prosiguieron con Felipe II que estuvo en Fresdelval el 21 de septiembre de 1592. En esta ocasión concedió al monasterio el importante privilegio de poder cercar todo el valle, constituyendo un termino y señorío propio.

UNA LENTA DECADENCIA. S.S. XVII Y XVIII

Extinguida la línea varonil de la familia fundadora a principios del siglo XVII, el monasterio queda sin su principal protector comenzando durante esta centuria y la siguiente una lenta decadencia. La crisis general de la época y diversos quebrantos económicos derivados de ésta acentuaron el proceso de deterioro. En el aspecto constructivo no nos puede extrañar que de este último siglo tan solo se levantasen las cuadras y trojes con las que se fresdelval termina de cerrar el tercer patio del monasterio.

DESAMORTIZACIÓN Y DESTRUCCIÓN. (S. XIX)

En el siglo XIX el lento declive de Fresdelval en se transforma en la rápida y completa ruina del monasterio. Iniciada la centuria con la guerra de la Independencia, el 10 de noviembre de 1808 el edificio es saqueado y destruido como consecuencia de la victoria francesa en la batalla de Gamonal. Pese a que la comunidad religiosa regresa en 1814 ya jamás se recuperará de los consecuencias de la contienda, de hecho el reinstaurado culto se celebra en la primitiva sacristía debido a que la iglesia, arruinadas sus bóvedas, permanecerá ya para siempre sin cubierta.

Poco duró el establecimiento de la comunidad, en 1821 como resultado de las medidas desamortizadoras del Trienio Liberal Fresdelval es declarado bien nacional, sujeto a su inmediata subasta. Con el edificio y tierras circundantes se hacen los hermanos de la Puente, Victoriano y Manuel, destacados liberales en la ciudad de Burgos, ambos llegaran a ser alcaldes de su ciudad.

Con el regreso del régimen absolutista también se produce el retorno de la comunidad y se les reintegraban en sus bienes y se anulaban las ventas de las llamadas "fincas nacionales".

La vida en Fresdelval no debió resultar fácil para la retornada comunidad jerónima. A los daños causados, y no reparados, de la guerra de la Independencia se sumaban los ocasionados por tres años de abandono en los que no debieron faltar los saqueos.

La expulsión de la comunidad se produce definitivamente con la desamortización de Mendizábal. Algunos objetos de culto pasaron a las parroquias cercanas para desaparecer posteriormente. Parte del edificio pasó a otras manos adecuándose para los destinos más insospechados: fabrica de cerveza, refugio de las partidas carlistas y a finales del XIX llegó a ser utilizado como fácil cantera de piedra ya labrada.

Este último uso sacudió la conciencia de algunos artistas y el pintor alicantino Francisco Jover y Casanova llegó a tiempo de salvar el claustro procesional, y algunos otros restos que aún quedaban". Para entonces, desgraciadamente, las alas norte y este de la parte alta del claustro, lindantes con la iglesia y capillas, ya había sido totalmente desmontadas.

Los trabajos de Jover se vieron truncados por su temprana muerte, pero hubo más suerte que en otras ocasiones y Fresdelval dio pronto con alguien que reanudase la labor restauradora. La adquirente era doña Rafaela de Torrens e Higuero, marquesa de Villanueva y Geltrú,

Se decidió consolidar las ruinas y levantar algunas espaciosas celdas que sirviesen de albergue y centro de reunión de amigos, literatos y artistas. Lo que motivó que el apasionado Víctor Balaguer escribiese: "Y en verdad que no puede ofrecerse mansión más agradable, ni hospitalidad más atrayente, ni sitio más encantador, ni centro más propio para regocijos de soledad y para deleites de excursión".

El meritorio proyecto se completaba con un museo y la utilización como capilla pública de la restaurada por Jover, respetando la obra comenzada. Para esta capilla y museo y en representación de la propietaria, Isidro Gil y Gabilondo trató la compra de las siete estatuitas de mármol, una bandeja de metal y un paño de mesa que procedentes de Fresdelval se guardaban en la sacristía de la iglesia de Villatoro.

Así quedaron las cosas y allí quedaron los proyectos de rehabilitación de Fresdelval. El monasterio sirvió una corta época de amable y romántico lugar de reunión de la sociedad española de fin de siglo. Visitas que eran puntualmente recogidas por la prensa local que cuidaba el referir la larga lista de nombres ilustres.

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